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viernes, 10 de agosto de 2018

Una reseña al trabajo de E. P. Thompson sobre el movimiento ludita en “La formación de la clase obrera en Inglaterra”



Tania Aillon Gómez

Soy amigo de los pobres y los afligidos y enemigo del poder de los   opresores” (General LUDD, cit. Thompson, p.601).

La formación de la clase obrera en Inglaterra
Historia de la Clase Obrera en Inglaterra, puede ser considerada como una obra señera dentro de la ciencia social en general y de la ciencia social marxista en particular, por muchas razones; entre ellas, por la crítica que realiza el autor a la corriente empirista en historia y a la visión estructuralista y economicista, que predominó en la forma de entender la formación de la conciencia de la clase obrera, dentro del marxismo.

A través de sus más de 900 páginas, E.P. Thompson nos conduce, de forma magistral, por los distintos caminos que transitó la formación de la de la clase obrera en Inglaterra. Caminos que empiezan en el horizonte lejano del metodismo con sus distintas vertientes, y que siguen por la tradición de las antiguas Trade Unions o Sociedades de Socorro Mutuo, continuando por el tortuoso sendero del movimiento ludita, para luego pasar por la experiencia del ownismo. Un largo recorrido, pletórico de luchas, unas veces enmarcadas dentro de las leyes constitucionales del “ancien régime” inglés, otras veces, abocadas a la acción directa, con masivas huelgas, motines, manifestaciones, destrucción de maquinaria e incluso el asesinato de los opresores.  Una lucha de la que brota una experiencia, que, de forma, las más de las veces contradictoria, irá configurando la conciencia de la clase obrera, a partir de la identificación de sus intereses contrapuestos, no solo a los intereses de los patrones; sino también, a los de una clase media oscilante e inconsecuente.

Plantearse realizar una reseña de este trabajo de E.P. Thompson rebasa con mucho, nuestras posibilidades, no solo por su riqueza empírica, sino por las distintas aristas de reflexión a las que nos invita. Sin embargo, modestamente, queremos proponer una reseña, acerca de su análisis sobre uno de los senderos por los que transitó la formación de la clase obrera en Inglaterra, el del movimiento ludita. Por una parte, la forma en que sitúa Thompson, el surgimiento, desarrollo y contenido de este movimiento, abre un horizonte metodológico que ilustra las limitaciones de la perspectiva estructuralista y economicista, para comprender los procesos históricos, lo que nos conduce a reflexionar sobre la mirada simplista, que muchas veces, se tiene acerca del carácter y el significado del movimiento ludita;  por otra parte,  un repaso a las características de la lucha de los luditas contra  la introducción de máquinas durante la primera revolución tecnológica, por sus consecuencias funestas sobre las condiciones de vida de los trabajadores,  nos remite a un problema que aparece como de mucha actualidad, pero que en realidad,  recorre toda la historia del capitalismo( aunque ahora alcanza niveles deletéreos), el de la creciente desocupación y aumento de la sobreexplotación relativa, a medida que avanza la automatización. Una situación, que como dice Noble (2016), hace de las consecuencias contemporáneas del desarrollo tecnológico dentro del capitalismo, una tarea necesaria, para todo aquel que se dedica a los estudios del trabajo o que busca comprender la gran paradoja de nuestra era, entre el aumento sin precedentes de las posibilidades productivas de riqueza social  y el crecimiento inusitado de una sobrepoblación relativa a nivel mundial, que vive continuamente la incertidumbre de  acceder a un  empleo, en la mayoría de los casos precario, para poder reproducir su vida y la de su entorno familiar. Situación histórica que ilustra la contradicción señalada por el materialismo histórico, entre el alto desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción. 

1. EL MOVIMIENTO LUDITA COMO PARTE DE LA “CULTURA OBRERA OPACA”

Una valoración de las características del movimiento ludita, como nos dice Thompson, tropieza con serias dificultades, por la falta de acceso a fuentes fidedignas de información, de un movimiento que por el momento histórico en que surge (la aprobación en el parlamento ingles de las Combination Acts[i]) (1800-1802), debe inscribirse en la tradición clandestina de la clase obrera. Frente a la prohibición ministerial de la reunión y protesta públicas, el movimiento ludita surge como una alternativa clandestina e ilegal  para  las propias Trade Unions,  como parte  de lo que E. P. Thompson denomina “la cultura obrera  opaca”, pletórica de reuniones y adiestramientos nocturnos,  de líderes de la denominada “linterna negra”; una organización clandestina que intentaba convertir el descontento popular,  respecto a la subida de los precios y la escasez de los víveres,  en un canal revolucionario, a inicios del siglo XIX.

Esta clandestinidad pudo sostenerse en base a una nueva solidaridad obrera, una solidaridad que, como nos dice el autor, “no solo era con, sino también, contra”, en un ambiente político plagado de espías y de informantes enviados por los magistrados. Es en la resistencia a esta penetración de espías e informantes que la clase obrera opondrá una “cultura opaca”, una tradición secreta, matizada de romanticismo con leyendas de armas enterradas en paramos ocultos del amplio espacio rural inglés, de juramentos nocturnos, de transito por los espacios, con santo y señas, de legendarios lideres como el propio General Ludd[ii], del que se supone tomó su nombre el movimiento ludita. Tradición obrera, que desde la época de las Trade Unions secretas, nos dice Thompson, no estaba exenta de violencia, dirigida a esquiroles, a malos patrones y a artesanos que trabajaban por menos dinero del fijado por las Unions; a ellos se vigilaba y se les podía lanzar con ladrillos a través de la ventana o asaltarlos en la noche en algún camino o lanzar pólvora sobre sus talleres.  

Thompson ubica el ludismo como extensión de esta tradición clandestina y violenta de las viejas Unions; es decir, como parte de la lucha obrera, por el reconocimiento a su derecho a organizarse en defensa de sus propios intereses.  En este sentido, se puede decir, que el movimiento ludita, como parte de la tradición “opaca” de la clase obrera, fue eficiente, porque aportó al reconocimiento legal del sindicalismo y el derecho a huelgas, en la medida en que la persistencia de la clandestinidad y de la violencia ocasional, favoreció los argumentos, para la revocación de las leyes contra la asociación (Combination Acts). En 1825, parte de los magistrados, entre los más notables Place, sostuvieron que fueron las leyes contra la asociación las que indujeron a la población obrera a infringir y no respetar la ley. 

2. EL CONTEXTO INDUSTRIAL DEL MOVIMIENTO LUDITA

E. P. Thompson no por criticar las versiones economicistas del marxismo deja de ser materialista, al contrario, a lo largo de toda su exposición, con notoria maestría entrelaza la interpretación y la explicación de los procesos analizados, recurriendo unas veces, a la documentación historiográfica y otras a la descripción de las condiciones socioeconómicas, como dimensión explicativa.  La emergencia del movimiento ludita, desde esta perspectiva, tiene como una de sus condiciones, la situación de la industria en Inglaterra, situación que explica su base social, formada principalmente, por los tundidores de lana del sur de Lancashire o a los tejedores de punto.  Los tundidores,  trabajadores a domicilio, con una amplia tradición artesana, que con la introducción de la rebotadera mecánica[iii], para el acabado de  los paños de lana, sufrían el deterioro de su posición social y económica. Un sector de la clase obrera caracterizado por su rebeldía e independencia; con salarios relativamente altos; conciencia política y diversiones alegres, nos comentará Thompson; artesanos que  se fueron haciendo  conscientes de que su posición se tornaba más insegura,  debido a la introducción de las máquinas, por lo que se opusieron  a la rebotadera mecánica, con  diversos recursos, desde las amenazas a los comerciantes y fabricantes, que tenían la intención de maquinizar los procesos productivos, hasta los asaltos a talleres y fábricas, para destruir las tijeras de tundir.

El otro grupo de obreros, que se vio amenazado por las trasformaciones industriales, nos dice E. P. Thompson, fueron los tejedores de punto, cuando las clausulas sobre el aprendizaje, como condición necesaria, para ejercer un oficio cayeron en desuso y sus peticiones ante el parlamento, para mantener las leyes del aprendizaje, que protegían su oficio fueron rechazadas. Entonces, los patrones se lanzaron a la contratación de trabajadores no cualificados, abriendo el camino a la formación de un amplio ejercito de reserva, que provocó el deterioro de la condición laboral de los tejedores de punto, con el auge del pago a destajo (método con el que se retribuía su fuerza de trabajo por debajo de su valor).

En 1809 se abolió toda la legislación protectora de la industria lanera que abarcaba el aprendizaje, la rebotadera mecánica y el número de telares; de esta forma, estaba bloqueado el camino a cualquier reajuste constitucional que les favoreciera, tanto a los tejedores de punto, como a los tundidores, y se despejó el camino a la fábrica; situación en la que los patrones con grandes empresas, se apresuraron a introducir maquinaria para arruinar a los pequeños negocios. En estas condiciones de la industria, aparece el ludismo, para los tundidores y los tejedores de punto; Ned Ludd era el defensor de los antiguos derechos y el paladín de la constitución perdida, recalca Thompson. Lejos de cualquier “culturalismo”, para este autor, la situación de la industria en Inglaterra es una dimensión esencial en la explicación del surgimiento de la base social del movimiento ludita, de tejedores y tundidores que viven la degradación de su oficio ante el ímpetu de la revolución industrial.

3. LA ENCRUCIJADA ENTRE PATERNALISMO Y “LAISSEZ FAIRE” EN LA QUE SURGE EL MOVIMIENTO LUDITA

Para Thompson el sistema continental de Napoleón y la represalia, que supusieron las “Orders in Council”, desorganizaron los mercados de productos textiles británicos hasta estancar a esta industria, al mismo tiempo, las malas cosechas aumentaron el precio de los productos agrícolas y provisiones a niveles de hambre, pero esta situación no sirve como explicación del surgimiento del ludismo, solo nos explica la coyuntura en la que surge, pero no su naturaleza. La explicación de la naturaleza del ludismo, para este autor, pasa por situarlo en la encrucijada del paternalismo y el “laissez faire”, que fue parte del proceso de consolidación del capitalismo industrial. En la coyuntura histórica en que surge el ludismo, los obreros estaban atrapados entre dos fuegos, el de los magistrados del antiguo régimen, que podían simpatizar con el famélico tejedor de medias, que se presentaba de forma plañidera y pasiva, pero no tenía ninguna simpatía por los comités secretos, las manifestaciones en las calles, las huelgas y la destrucción de la propiedad. Del otro lado, los obreros se enfrentaban a los patrones que diariamente contaban con los refuerzos del” laissez faire” (por una parte, se les oponían los valores del orden y por otra, la libertad económica), proceso dentro del cual, los oficiales y artesanos se vieron desposeídos de los derechos constitucionales; convicción bien arraigada entre ellos.  Ned Ludd será; entonces, el “reparador” o el “gran verdugo”, que defendía con el voto unánime el oficio, unos derechos afianzados de forma demasiado honda por la “tradición de la ley”, precisa Thompson.

En este sentido, otra arista de reflexión propuesta por Thompson, es la de considerar al movimiento ludita como un proceso de transición, de conflicto, que por una lado, miraba hacia atrás, hacia la tradición y las antiguas costumbres, hacia el paternalismo que ya jamás podría revivir , pero por otro lado, intentaba resucitar antiguos derechos, para establecer nuevos precedentes, una fase de transición en el momento en que las aguas del sindicalismo , llenas de confianza en sí mismas y contenidas por las “Combination Acts”, pugnaban por abrirse camino y convertirse en una presencia manifiesta y abierta. . Como se aprecia por las demandas que el movimiento ludita  incorporó en su lucha: un salario mínimo legal, el control de la “explotación” de mujeres y jóvenes, el arbitraje, el compromiso (por parte de los patrones) de encontrar trabajo para los trabajadores cualificados, que hubieran perdido su trabajo debido a la introducción de máquinas,  la prohibición de productos de ínfima calidad y el derecho a la organización legal de las Trade Unions, era un movimiento que  miraban hacia adelante,  pero también hacia atrás;   contenía una imagen definida, no tanto del retorno a la comunidad paternalista, cuanto más bien, hacia una más democrática, en la que el crecimiento  industrial estuviera regulado de acuerdo a prioridades éticas y la búsqueda del beneficio se subordinara a las necesidades humanas. Por esto, Thompson define a los luditas como algunos de los últimos miembros de los gremios, y al mismo tiempo, algunos de los primeros en provocar el movimiento a favor de las 10 horas de jornada laboral.  En ambas direcciones existe una economía política y una moral alternativas al “laissez faire”, una economía política alternativa frente a uno de los dogmas más degradantes que habían existido en Inglaterra, el de la competencia más irresponsable y descontrolada, bajo la cual, generaciones de trabajadores a domicilio perecieron. No es casual, entonces, hace notar Thompson, que Marx viera en la aprobación en 1847 de la ley de las 10 horas de jornada laboral, una prueba de que; por primera vez, en pleno día, la economía política de la clase media hubiera caído frente a la economía política de la clase obrera.

Pero más allá de la dimensión económica de la lucha, el movimiento ludita para Thompson aparece, también, como la resistencia a un cambio cultural profundo en las formas de vida de la clase trabajadora, a la ruptura de sus costumbres y tradiciones expresadas en su vida cotidiana. En este mundo que tocaba a su fin con el advenimiento agresivo de la industria capitalista, el trabajador estaba orgulloso de su oficio, no solo porque este aumentara su valor en el mercado de trabajo, sino porque era un artesano, por lo que cualquier práctica que fuera manifiestamente destructiva del “oficio”, era digna de censura. Estos ideales, que brotaban de sus formas de vida y de trabajo, tenían una realidad poderosa, remarca Thompson, la idea de lo que debía ser, a la que apelaban los artesanos, oficiales y pequeños patrones, que resistían el vendaval de la nueva doctrina del libre mercado, que significaba también, la disolución de sus manifestaciones culturales como la fiesta de San Crispín de los zapateros, el jubileo de las cofradías de Preston o la fiesta del obispo Blaise de los cardadores de lana.

4. EL MOVIMIENTO LUDITA, ALGO DISTINTO A UN SINDICALISMO PRIMITIVO.

El trabajo de Thompson rompe con la visión estereotipada, que califica al movimiento ludita como un sindicalismo primitivo, a lo largo de su trabajo sobre este movimiento, Thompson va mostrando todo lo contrario. El carácter del ludismo no era el de una protesta ciega o el de un motín por alimentos, como los que tuvieron lugar en Inglaterra. Ni tampoco sirve describir al ludismo como un sindicalismo primitivo; mas bien, se ve que los hombres que organizaron, protegieron o disimularon el ludismo, estaban lejos de ser primitivos, ellos eran perspicaces y alegres, remarca Thompson; junto a los artesanos de Londres, algunos se encontraban entre los más organizados de las clases trabajadoras. Unos pocos de ellos habían leído a A. Smith, unos cuantos más se habían puesto a estudiar las normas de funcionamiento de las Trade Unions de acuerdo a la información analizada por el autor, los tundidores y los calceteros, considerados la base social del movimiento ludita, fueron capaces de dirigir una organización compleja, encargarse de sus finanzas y de su correspondencia; todos ellos tuvieron tratos, a través de sus representantes, con los parlamentos. Thompson precisa el perfil de un posible ludita; Heson: autodidacta, bien informado sobre leyes relativas a la industria y al sindicalismo, escribía para la prensa radical y social, al que no solo se consideraba ludita, sino; posiblemente, se le atribuía ser el mismo General Ludd, esto era muy posible, porque conocía la mayor parte de la historia ludita.

Al margen de los rasgos  ilustrados de algunos luditas, la valoración de Thompson  sobre el carácter y contenido político del movimiento ludita, lo muestra como una manifestación de la cultura obrera de mayor independencia y complejidad, que cualquiera de las conocidas en el siglo XVII, que se desarrolló a partir de la cultura de las Trade Unions, de las sociedades de socorro mutuo, de la ceremonia secreta y el juramento, las peticiones cuasi legales en el  parlamento, las reuniones  de los artesanos en sus locales de encuentro; movimiento que se entretejió con el conjunto de la sociedad subalterna en Inglaterra,  que gozaba del respaldo de gran parte de la opinión pública, en la medida que sus asaltos y ataques iban dirigidos a los grandes empresarios y al sistema de fábricas, que en los sectores populares despertaban una profunda hostilidad. Esta simpatía se extendía a cientos de patrones de pequeños talleres que fueron arruinados por la competencia, quienes estaban de acuerdo con la defensa de una forma de organización del trabajo, de su independencia y su moralidad. No se trataba; entonces, de un movimiento aislado y aventurero, sino de un movimiento integrado en la defensa de las tradiciones de una forma de vida, que se veía amenazada por las imposiciones del “laissez faire”. 

En este contexto, en determinado momento, el movimiento ludita alcanzó perfiles insurreccionales. Los propios asaltos a telares mecánicos dieron lugar a preparativos insurreccionales más serios, Thompson ilustra que uno de los confidentes del gobierno más informados,  señalaba que a mediados de julio de 1812, en el asalto a un telar en Lancashire, grupos de más de 200 luditas entraron en las casas noche tras noche y se apoderaron de armas; los insurrectos iban armados con pistolas, cohetes y bengalas, y que por su forma de accionar revelaban un grado extraordinario de coordinación y organización. Grupos políticos de painitas y demócratas veían en el movimiento ludita una oportunidad revolucionaria más general , por lo  que cualquier explicación  que lo reduzca a un hecho laboral concreto o que desprecie su trasfondo insurreccional, diciendo que se trataba de unos pocos exaltados no es satisfactoria; incluso en los distritos donde el  ludismo se ajustó en relación a la consecución en los objetivos de tipo laboral, la conexión entre la destrucción de telares y la sedición política se daba por supuesta en todas partes, en la medida en que no solo los tejedores de punto o los tundidores , sino también, en general, las clases bajas eran  cómplices de los luditas, en su lucha contra los calceteros negociantes, el  ejército y los magistrados, por lo que gentes de oficio de todo tipo se sumaban a las movilizaciones promovidas por ellos. 

Sin embargo, la gran limitación del movimiento ludita, como precisa Thompson, es que nunca alcanzó un accionar articulado y coherente a nivel nacional, ellos en su experiencia no reconocían reunión nacional alguna en la que pudiesen confiar, ni política nacional de ningún tipo, con la que se pudieran identificar; por lo tanto, el movimiento ludita; sobre todo, fue fuerte en las comunidades locales y más coherente cuando realizaba acciones dirigidas a la industria. Las causas de su derrota están atribuidas por el autor, a la revocación de las “Orders Council”, la rápida mejora del comercio y la presión de las autoridades, mediante la penetración de espías, de tropas militares y las ejecuciones de luditas responsables de asaltos de talleres y fábricas. 

Thompson muestra; sin embargo, que los luditas no desaparecieron con la caída de su movimiento, más bien, ellos continuaron con la agitación por otros métodos, una agitación por la reforma parlamentaria, la que se hizo más fuerte, justamente, en los distritos de Inglaterra, donde el ludismo fue derrotado. Sus miembros se  convirtieron en los líderes más importantes de los Clubes Hamp, asociaciones ligadas a la tradición de la revolución francesa, donde los asistentes discutían e intercambiaban informaciones sobre asuntos políticos: estas asociaciones de ciudadanos son y fueron llamadas clubes políticos, sociedades populares, sociedades patrióticas o clubes jacobinos; los miembros de estas asociaciones, entre otras cosas, debatían sobre cuestiones político-sociales, comentaban las noticias de actualidad  y analizaban los proyectos de ley que se consideraban en las asambleas legislativas.

COMENTARIOS FINALES

Thompson con su historia sobre el movimiento ludita en Inglaterra; nos invita a romper con  una mirada simplista y unilateral sobre el mismo, así  nos da una ilustración magistral del uso del método marxista,  para estudiar los procesos sociales, en la medida en que encuentra el verdadero significado histórico del movimiento ludita ubicándolo como parte de una totalidad histórica más basta(las trasformaciones económicas, políticas  y culturales de la revolución industrial), de la que formó parte;  pero también,  como el momento de un proceso histórico más largo, de maduración de la conciencia de la clase obrera, resultado de la experiencia, tanto con métodos violentos y de acción directa, como con  métodos parlamentarios de lucha por reformas legales. Demostrándonos que la realidad no es un recorte de periodos definidos, sino que está formada de procesos en los que se producen modificaciones cuantitativas y cualitativas de las condiciones de vida, donde lo nuevo y lo viejo se entrelaza de manera dialéctica.

Desde una perspectiva metodológica, el trabajo de Thompson es; también, la ilustración de cómo en el estudio de lo social, las dimensiones explicativas (el contexto industrial y las leyes contra la organización de los trabajadores), se combinan con la dimensión comprensiva de lo social, al buscar la naturaleza del movimiento ludita, en el significado que, para estos hombres y mujeres, desde su experiencia, tuvo la ruptura de sus tradiciones de vida desmontadas por el “laissez faire.  Sentido moral del trabajo que solo se fue transformando, para ellos, en la práctica de la lucha y de la experiencia de la explotación. Se trata de la ruptura con la explicación “economicista” que atribuye el ludismo al simple juego de causa y efecto de las “orders in council”, pero; además, con otras perspectivas epistemológicas, como el neo institucionalismo que explica la realidad social, a partir de la producción y aplicación de normas y/o con el posestructuralismo que pone en entredicho, a los sujetos como hacedores de su historia. En Thompson la norma son objetivaciones de relaciones sociales, de formas de vida, y a medida que las relaciones sociales van cambiando, se produce la lucha por el cambio de las normas (la burguesía emergente) o por la persistencia de las antiguas normas, como en el caso de los artesanos en Inglaterra, que defendían las viejas normas del trabajo para preservar sus condiciones de vida. Es decir, que la lucha por las normas aparece como la lucha por el sentido colectivo de sus propias prácticas; en este caso, como la defensa de las viejas relaciones de dominación paternalista desde las que habían construido una forma de vida y de comunidad, una moral de trabajo, que se iba disolviendo a favor del “laissez faire”. 



[i] Se promulgaron en 1799 y 1800 ante el auge que el movimiento obrero estaba tomando y declaraban ilegales las Trade Unions, es decir, las organizaciones obreras o sindicatos. En realidad, estas organizaciones ya eran ilegales, pero estas leyes simplificaban el procedimiento legal para su persecución y facilitaban su denuncia a los empresarios; además, posibilitaban la represión mediante fuerzas públicas, incluido el ejército. La legislación inglesa seguía el ejemplo de la francesa, que en 1791 había implantado una similar: la ley Le Chapelier. Durante los años en que estuvieron vigentes permitieron la persecución sindical, especialmente de los líderes obreros y propiciaron que los movimientos contra el maquinismo, como el ludismo, se movieran en la clandestinidad. Sin embargo, tampoco se pudieron aplicar con toda su crudeza por la vastedad que en poco tiempo el movimiento obrero estaba tomando, se calcula que las detenciones con estas leyes no llegaron a los dos centenares.

[ii] Se da el nombre de Ned Ludd a un trabajador británico del condado de Leicestershire, cuya vida se sitúa en torno al siglo XVIII o XIX, de existencia legendaria y dudosa; pudo ser un pseudónimo para protegerse de posibles represalias.

[iii] Un aparato compuesto por dos tijeras o más, acopladas a un bastidor, que se podían pasar por la superficie del paño, con una simplicidad que permitía prescindir de los artesanos cualificados para esta tarea.

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